Sabrina Rodríguez. Barcelona, España. Aprendiz de mucho, maestra de nada. Entre otras cosas escribo, hago fotografías y demás banalidades. Si quieres comentar algo, que colabore contigo en un proyecto, o quieres publicar alguna de mis creaciones o escritos, envíame un em@il. Gracias. flickr | facebook

3108: BlogDay 2009

Blog Day 2009

En plena faena de remodelar y actualizar con contenidos nuevos este blog, tarea que espero tener terminada para mediados de septiembre, no podía faltar a la cita del BlogDay. Celebraré el día de los blogs recomendando 5 de mis favoritos actualmente, como ya viene siendo habitual entre los bloggers todos los 31 de agosto. No repetiré en la lista ninguno de los del año pasado, así que os recomendaría ver la entrada de hace un año si queréis más recomendaciones.

Ahí va mi participación en este BlogDay 2009:

Microsiervos es un blog personal de divulgación sobre tecnología, ciencia, informática y muchas cosas más. Muy ameno, con entradas muy escuetas y un tono muy coloquial. Interesante y muy divertido de seguir. En castellano.

Cuarto derecha es un blog personal que se nutre principalmente de la comunicación visual, del diseño y de las tendencias artísticas. También de temática variada, como el anterior, pero hacia otro tipo de contenidos totalmente diferentes. En castellano.

rebr0
es el blog personal del creador de ZOO.MAGAZINE, blog que ya ha cerrado y que seleccioné el año pasado para mis recomendaciones. En general sigue la tónica que su anterior blog, que era un magazine online sobre noticias varias escritas de forma muy personal. Tecnología, cine, música, etc. En castellano.

Ritalín y Morbo
es el blog personal de Ángela. Sus textos tienen mucha fuerza y mucha personalidad, a caballo entre pensamientos y abstracciones, también tiene textos más elaborados. En español.

Katie West
me emociona y me insira. Su blog tiene de todo un poco, ya que se engloba dentro del caótico mundo de los tumblelogs, pero sus textos son muy personales y desgarradores, de esos que no te pueden dejar indiferente. Y sus fotos... Hoy por hoy es la fotógrafa de autorretratos que más me gusta, porque sus fotos, independientemente de que en su mayoría sean desnudos, la muestran verdaderamente desnuda... vulnerable, real, humana. En inglés.

Recomendadme a mí algún otro blog en los comentarios, por favor. Gracias. :)

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I don’t love you anymore… Goodbye.

La importancia de llamarse Ernesto

Yo soy Sabrina, es mi nombre. Sabro, en realidad, sólo es un personaje que hemos creado entre todos. Un personaje que cada vez me gusta menos, porque en ocasiones me hace pensar que he perdido el control de lo que representa. Es como si alguien hubiese tomado los hilos y Sabro fuese sólo una marioneta de los demás.

Sabrina y Sabro no se parecen demasiado, a decir verdad, y yo me había perdido en medio, casi como si tuviese un trastorno de personalidad. Personalidad doble, a veces incluso múltiple. Creo que Sabro tiene que morir, no el nombre en sí, Sabro el personaje. Porque siento que la que se mudó a Barcelona fue Sabro, mientras Sabrina estaba en hibernación. De vez en cuando quería despertar y salir pero creo que tenía miedo a decepcionar a algunas personas. Y así mi vida transcurría como si fuese el guión de Muhollan Drive, mientras la verdadera yo dormía, víctima de sus propias decisiones. "Eh, preciosa. Hora de despertar". Ya es primavera, ya ha llegado el momento de salir de mi letargo.

Mi familia y amigos de verdad, de toda la vida, no me llaman Sabro. Me llaman Sabrina o Sabri. En Barcelona nadie me llama Sabrina y, subconscientemente, eso ha creado un gran vacío en mí. Me he dado cuenta de que cuando alguien me llama Sabrina o Sabri siento que esa persona es cercana, me conoce y me aprecia o me tiene cariño. Cuando alguien me llama Sabro no siento absolutamente nada. Es un nombre que se refiere a mí, sin más.

Supongo que todo esto forma parte de ese muro de autoprotección con el que me mudé. Esconderme detrás de un seudónimo era parte del plan que tenía de no dejar que nadie se acercase demasiado a mí, tanto como para llegar a conocerme de verdad. Gran idea, sí, he terminado teniendo una crisis de identidad autoinfligida. Nada más y nada menos.

Ya hay una persona en Barcelona con la que he hablado esto porque, ahora mismo, le considero un amigo, confío en él, y le creo lo suficientemente inteligente como para entenderlo. Inmediatamente ha empezado a llamarme Sabrina. Es un primer paso. No quiero seguir escondiéndome detrás de un nombre que me puso una conocida, que no me conocía demasiado, hace 11 años, porque pensaba que yo era demasiado "dura" como para que me llamasen Sabri. Dejé que me bautizasen con un apodo venido de una primera impresión bastante equivocada. Seguí el juego porque era divertido. Ya no lo es en absoluto.

Así que, uno a uno, iré tirando los ladrillos de mi muro para que pase el aire limpio del exterior. Aquí dentro ya huele mal. Estáis invitados a entrar y conocerme, conocer a Sabrina, la de verdad. Estoy preparada. Ahora el caso es ver si también están preparados los demás. Ya se verá.

Y esta es una de las verdades que estaban escondidas detrás de mis mentiras.

Dr. Jekyll y Mr. Hyde

Llevo meses experimentando cambios de humor radicales. Suelen venir en intervalos de dos semanas y, aunque soy consciente de mi mal humor, se me hace incontrolable. Durante dos semanas estoy bien, activa, positiva y cariñosa; mientras las otras dos semanas estoy irritable, lloro por nada, estoy depresiva y totalmente negativa. Cualquiera de las personas que comparten conmigo el día a día se dará cuenta fácilmente de lo que estoy hablando.

Me pasa aproximadamente desde junio del año pasado. En principio lo achacaba a descubrir que padezco una enfermedad crónica, a salir de una relación de casi 10 años y a una serie de cambios radicales en mi vida en muy poco tiempo. Cada vez mis reacciones negativas son mayores, hago más tonterías, he hecho daño a varias personas y he perdido relación con gente a la que aprecio. Bueno, pues ya sabéis cómo soy... tenía que investigarlo.

8224 por Sue Rainblow


Durante los últimos meses he apuntado los días en los que estaba bien, los días que estaba mal y los días en los que parecía un dragón que echaba fuego por la boca. Mientras lo hacía he leído varios libros de psicología, filosofía y neurología. Al final, después de mucho buscar, creo que tengo cierta idea de lo que puede estar pasando conmigo.

Si bien los cambios en mi vida y las causas externas seguro que tienen algo que ver, creo que mi problema de carácter está en mis hormonas. Mis dos semanas buenas son las dos primeras semanas de mi ciclo menstrual y las dos semanas malas son las últimas... siempre. A partir de ahí todo empieza a cuadrar.

Cada mes el ciclo menstrual refresca y recarga ciertas partes del cerebro. El estrógeno actúa como fertilizante sobre las células, excitando el cerebro a la vez que hace que esté socialmente más calmada durante las primeras dos semanas. Durante esas semanas (la fase del estrógeno) se da un incremento del 25% de las conexiones en el hipocampo y ello hace que el cerebro se muestre un poco más agudo y funcione un poco mejor. Una se siente más lúcida, recuerda más cosas y piensa con más rapidez y agilidad. Más tarde, al sobrevenir la ovulación alrededor del día decimocuarto, la progesterona empieza a salir de los ovarios y a contrarrestar la fertilización por estrógeno, actuando más bien como un herbicida sobre las nuevas conexiones del hipocampo. Durante las últimas dos semanas del ciclo la progesterona hace que el cerebro al principio se sede y gradualmente se torne más irritable, menos centrado y algo más lento. En los últimos días del ciclo menstrual, cuando cesa la progesterona, el efecto tranquilizante desaparece de súbito, dejando al cerebro momentáneamente alterado, estresado e irritable.

Por lo visto, según un estudio del National Institute of Mental Health de Maryland, existen pruebas de que las fluctuaciones de las hormonas afectan a la excitabilidad del circuito cerebral. En casos graves la alteración de las hormonas muestra el mismo espectro de desarreglo que en un ataque de apoplejía. Se dice que las mujeres cuyos ovarios producen menos estrógeno y progesterona son más sensibles al estrés y tienen menos células cerebrales de serotonina (sustancia química que procura sensación de bienestar).

Los cambios en las hormonas y la serotonina pueden conducir a una disfunción en la sede cerebral del discernimiento (el córtex prefrontal) y emociones dramáticas e incontrolables pueden abrirse camino más fácilmente desde las partes primitivas del cerebro.

Así que los cambios de personalidad son reales, ya que la estructura del cerebro femenino cambia según el día del ciclo menstrual en el que se encuentre. Lo que se conoce como SPM (síndrome premenstrual) en casos extremos tiene nombre médico y se llama desorden disfónico premenstrual (DDPM). En países como Francia o Inglaterra, algunas mujeres que cometieron delitos mientras sufrían DDPM, lo han utilizado con éxito en su defensa ante un juez.

8315 por Sue Rainblow


Cuando leí todo esto, y más que he leído sobre el tema, pensé que era un poco exagerado y que no tenía que ver conmigo. El caso es que el tratamiento para el síndrome premenstrual, para poder "domar" esos cambios de humor controlando el fluir de las hormonas, es la píldora anticonceptiva. Yo tomé la píldora durante 7 u 8 años y... ¿cuándo dejé de tomarla? Pues... en junio, cuando empecé a comportarme como Dr. Jekyll y Mr. Hyde. ¿Casualidad? No creo.

Ahora mismo, con el tratamiento por mi colitis ulcerosa y no teniendo pareja estable, no creo que vuelva a tomar la píldora. Creo que ahora, sabiendo lo que sé, me será más fácil controlar mis emociones durante las dos últimas semanas de ciclo. Intentaré calmarme y ser consciente de lo que me pasa y que es algo natural. Tendré igualmente ataques de ira así que intentaré acogerme a la norma de los dos días. Esperaré dos días a analizar en frío lo que me ha cabreado y, si sigo enfadada, actuaré teniendo en cuenta el enfado. Si no, pues es que no era para tanto. A ver si así ya no tengo que volver a arrepentirme de haber explotado de manera exagerada y dramática en según qué ocasiones. Sí, a veces soy una granada de mano, por lo menos ahora sé por qué.

Nota: Las citas son del libro El Cerebro Femenino de Louann Brizendine. Las fotos me las hizo la fotógrafa Sue Rainblow.